Archive for 30 marzo 2012

HUAYCO EN ABANCAY , DESASTRE EN ABANCAY , ABANCAY EN EMERGENCIA 2012 – 18- 03- 12

30/03/2012
Anuncios

ABANCAY : JIRÓN TARAPACÁ

29/03/2012

LOS SIN CUENTAS APOYANDO A LOS DAMNIFICADOS DE TAMBURCO

21/03/2012

MONOLITO DE SAYWITE PLASMADO EN MONEDAS DE UN SOL- MONEDAS DE COLECCIÓN

21/03/2012

¿Cómo se plasmó la Piedra de Saywite en una moneda de 1 Sol?        Felipe Escalante contó  que para realizar este trabajo requirió de mucha paciencia. “Aún con la práctica que uno tiene, no es fácil”, dijo.Lima. Plasmar la imagen de la Piedra de Saywite en una pequeña moneda de S/. 1.00 no es un trabajo nada fácil. Es algo que requiere de mucha paciencia y dedicación, según contó Felipe Escalante, el especialista de escultura en piedra, granito y madera que se encargó del diseño de la moneda.
Este especialista se demoró casi mes y medio para desarrollar el boceto y el diseño de este trabajo. “Aún con la práctica que uno tiene, no es fácil”,
Felipe Escalante también participó en el diseño de las monedas alusivas a Machu Picchu, Estela de Raimondi, Tumi de Oro y a los Sarcófagos de Karajía. Todas ellas pertenecen a la colección de la serie numismática “Riqueza y Orgullo del Perú”.
Reveló que para plasmar la figura en la moneda utilizó estecas (herramientas que usan los escultores para realizar sus trabajos) de diversos tamaños. “Fue un trabajo realmente estresante”, enfatizó.
La Piedra de Saywite es un gran bloque de granito de más o menos once metros de circunferencia, cuatro de diámetro y casi dos y medio de alto, ornamentado en su mitad superior con una serie de complejas figuras. Se encuentra en Abancay, dentro del complejo de Saywite, construido en el siglo XV o poco antes.
En el adoratorio de este complejo, la Piedra de Saywite destaca como una gran fuente labrada en piedra, con imágenes esculpidas de la tierra y sus habitantes: Seres humanos y animales, entre los que se aprecian pumas, serpientes, sapos y monos. Además, la fuente incluye terrazas agrícolas y canales de riego con tazas a modo de pozas, desde donde se desprenden flujos de agua que discurren por todo el mundo.
Esas características tuvieron que ser plasmadas en la nueva moneda de un sol, que sería la octava de la serie “Riqueza y Orgullo del Perú”. “Por los diferentes planos que tiene, que son como 4 o 5, es muy difícil falsificarlas”, puntualizó.

ULTIMA HORA SAHUANAY ABANCAY APURIMAC – 19 – 03 – 2012

19/03/2012

SEMANA SANTA EN ABANCAY (Herberth Castro Infantas)

18/03/2012

La Semana Santa en el Perú, como en todo el mundo cristiano, es la conmemoración religiosa más importante del Año. En Ayacucho, Trujillo, Cusco, Arequipa, Cajamarca, Tacna, Piura, Junín, en fin, seguramente que no hay pueblo, en nuestro país, donde no se recuerde con profundo fervor espiritual la pasión, muerte y resurrección del hijo de Dios.
En Abancay esta costumbre está muy arraigada desde la conquista. Sus habitantes que, en la época de los incas, adoraban al sol, la mama pacha y a la naturaleza en general, se convierten al cristianismo con la llegada de los españoles y, desde entonces, esta es la religión que la llevan prendida en el alma.
Sin embargo de ser la virgen del Rosario, la patrona de la ciudad, es a Cristo a quien le tienen una adoración entrañable, en sus tres principales representaciones: El Señor de la Caída, el Señor de la Exaltación, conocido más como el Señor de Tamburco, y el Señor de Illanya. Y, los mismos fieles que rotan en sus fiestas patronales, lo hacen en Semana Santa, concentrandose también en la Iglesia Nuestra Señora del Rosario, hasta donde llegan los campesinos más humildes que no se cansan de viajar desde los distritos más apartados, unos a lomo de bestia y en camiones, otros caminando con sus quepes en las espaldas y trayendo en sus manos ramas y flores silvestres.
En mis tiempos, tal como lo establecía la norma eclesiástica, la Semana Santa se iniciaba con la misa del Domingo de Ramos la misma que se celebraba con rigurosa solemnidad en la iglesia de Abancay, recordando la entrada de Jesús a Jerusalén, hasta donde acudíamos los fieles portando palmas para que el sacerdote las bendiga y luego las colocábamos en las puertas de nuestras casas. En el atrio del templo se vendía estos ramos a diez y veinte centavos, según el tamaño. A diferencia de otras misas, esta era una de las más largas y ceremoniosas. Al final se realizaba la procesión de la Eucaristía debajo del palio sostenido por cuatro acólitos. El lunes Santo era la procesión del Señor Crucificado.
En los alrededores del templo se vendía maicillos, empanadas, rejillas y roscas dulces cubiertas con grajeas multicolores. Y como la misa terminaba a media mañana, cuando el sol calcinaba, incitaba a tomar un caporal de chicha blanca que las mamachas la vendían generosamente espolvoreando una pizca de canela, para darle gusto. Algunas vendedoras, con el pretexto de remover el concho, lo pasaban de un vaso a otro y, lo que llegaba a nuestras manos, era mitad líquido y mitad espuma.
El jueves Santo, se disfrutaba de los doce platos, destacando las entradas ligeras sin carne, seguido de cremas de zapallo y maíz (lawa) y diversos chupes de semana santa hechos con camaroncitos chinos, leche y huevos. No se comía carne de vacuno en ninguna de sus formas, aunque muchos estudiosos de la biblia dicen que la prohibición se refiere a las relaciones carnales y no a la ingesta de este alimento. Los platos de fondo estaban hechos a base de bacalao o cualquier otro pescado seco, el infaltable tallarín con gallina o al horno, picantes y torrejas de verduras, que se completaban con exquisitos postres, generalmente dulces de níspero, calabaza, durazno y otras frutas, manjar blanco, arroz con leche y diversos tipos de mazamorras y la famosa empanada envuelta en papel manteca. Para disfrutar de este opíparo almuerzo se reunía toda la familia por lo que había que ampliar la mesa del comedor, colocando tableros adicionales.
Mis abuelos maternos, Andrés y Adelina, con quienes vivíamos mi madre, mis hermanos Marina y Ramiro y yo, tenían nueve hijos, Rosa, Encarnación, Augusto, Esther, Estela, Elsa, Hernán, Aurora y Jorge, varios de ellos casados y con hijos. Ya podrán imaginar el familión que éramos a la hora del almuerzo. Felizmente que la casa, la paila y el corazón eran grandes, por lo que jamás faltaba, ni comida ni afecto.
Mi abuela no permitía que nadie empiece la merienda sin antes hacernos rezar, para agradecerle al señor por los alimentos que estaban ya servidos. Luego, el nieto de menor edad, leía un párrafo de la Biblia que ella misma escogía.
La celebración de la Eucaristía era al atardecer, para coincidir con la última cena de Jesús con sus doce apóstoles, donde les dijo: “Les aseguro que uno de ustedes me va a entregar, uno que comparte mi pan”. Mientras estaban comiendo, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: “Tomen, esto es mi cuerpo”. Después tomó una copa, dio gracias, se la entregó y todos bebieron de ella. Y les dijo: “Esto es mi sangre, sangre de la Alianza, sangre que será derramada por una muchedumbre. Sepan que no volveré a beber del jugo de la uva hasta el día en que beba vino nuevo en el Reino de Dios”.
En esta misa, el sacerdote lavaba los pies de 12 ancianos, en señal de humildad. Antes de la existencia del asilo, se reclutaba a los mendigos que deambulaban por los barrios más populares. A veces llovía torrencialmente, con truenos y relámpagos, haciendo recordar la tormenta que se desató en El Gólgota, cuando Jesús dejó de existir en la cruz. Esto hacía estremecer más la noche de Jueves Santo.
Llueva o no llueva, en la noche, la visita a los templos era inperdonable, un reencuentro espiritual y una gran ocasión de volver a ver algunos rostros que muchas veces hasta habíamos olvidado. Grandes y chicos recorríamos con fervor los ambientes de la iglesia y rezábamos al pie de todos los santos y vírgenes, no sin antes mojar la punta de los dedos en agua bendita para santiguarnos y rogarles por la redención de nuestros pecados. Eso se hacía antes que las imágenes fueran cubirtas con telas oscuras.
Al final de esta misa se cantaba con gran solemnidad…
Cantemos al Señor de los amores,
Dios está aquí.
Cielos y tierra, bendecid al Señor.
Amor y gloria a tí.
Dios de la tierra.
amor por siempre a tí…
El día más solemne de la semana era el Viernes Santo. No solo por los ritos sino porque era de ayuno y abstinencia, dolor y arrepentimiento..
En mi casa, a las cinco de la mañana, mi abuelo se levantaba y lo primero que hacía era coger un chicote de tres puntas que lo tenía de adorno detrás de la puerta de su dormitorio y nos despertaba dándonos golpes (felizmente por encima de las frazadas), según nos decía, para “ayudarle a Cristo en su suplicio y, de paso, hacernos pagar por nuestros pecados”. Era claro que la intención del abuelo no era lastimarnos, sino despertarnos. Pero el solo hecho de levantarnos tan de madrugada, ya era un martirio.
En señal de duelo, los caballeros se vestían de terno oscuro y corbata negra. Igualmente, las damas se ponían sus vestidos negros y se cubrían los rostros con mantillas del mismo color. Las campanas enmudecían y eran reemplazadas por el sonido de matracas que los jóvenes las tocaban recorriendo los barrios. Su lastimero sonido producía una gran congoja en la ciudad, como si alguno de los familiares mas cercanos hubiera fallecido. Desde muy temprano, los jóvenes, varones y mujeres, se iban al campo a recoger pétalos de flores para armar las tradicionales alfombras en las calles por donde tenía que pasar el Cristo Yacente en hombros de los miembros de la Hermandad del Santo Sepulcro, entidad muy cerrada a la que era muy difícil ingresar. Entre los militantes de esta hermandad estaban Lucho Salcedo, Ramiro Viladegut, Gastón Fernández, Fernán Valer y sus parientes que vivían en la calle Huancavelica, los hermanos Juan, Serapio y Juvenal Tello, Darsy salas, el pato Pareja, el fata Huerta, Fabian “Cachachi” Paredes, Armando Cárdenas, entre otros. A mi ni me invitaron. No se si porque era muy joven o muy pecador.
La procesión salía del templo al compás de la banda Villar que ejecutaba las más sentidas marchas fúnebres que hacían estremecer el alma. Los acaballeros iban al costado y detrás del Santo Sepulcro, mientras que las damas acompañabana a la Dolorosa. Las religiosas del colegio Santa Rosa eran las que dirigían los rezos y plegarias, mientras que los chicos teniamos puesto el ojo en sus alumnas.
Para las celebracion es de Semana Santa llegaba un obispo del Cusco porque Abancay no contaba aún con obispado. Tuvo que pasar un buen tiempo para el nombramiento del primero.
Algunos estudiantes hacían coronas con ramas de níspero y olivo para colocarlas en los balcones de sus casas y encima de las puertas de los templos. Los moradores más humildes sacaban a sus puertas aunque sea una maceta de geranios, pero la sacaban, para rendirse honores al Cristo Yacente que hacía su paso delante de la Dolorosa, la misma que lucía una túnica y capa oscuras, mjentras que su corazón de plata estaba atravesado por puñales. Sus andas eran muy pesadas, por eso las cargaban solo los más forzudos. Y las andas del Señor estaban iluminadas con la energía proveniente de baterías que proporcionaban generosamente los miembros del sindicato de choferes. Y el encargado de la instalación y control de esta iluminación era el mecánico Miguel Solís.
Los estudiantes jamás le hicieron faltar al Santo Sepulcro las más bellas flores de retamas, cardosantos, la bella abanquina y una flor roja conocida como “sangre de Cristo”. La procesión estaba presidida por el obispo invitado y el párroco. Detrás de ellos desfilaban las principales autoridades políticas y militares, seguidos de una gran muchedumbre de fieles, unos portando faroles y velas encendidas, otros arrojando pétalos de rosas sobre las imágenes, algunos avanzaban descalzos haciendo penitencia y otros hasta se descubrían las rodillas para orar sobre el suelo pelado con lágrimas en los ojos, pidiendo seguramente un milagro para salir de la miseria, por un pariente enfermo o el hijo ausente.
Para esta ocasión los sacerdotes usaban sus ornamentos negros y morados. Todas las estatuas y cuadros de los santos de la iglesia amanecían cubiertos con tules y mantos. Nadie podía reír ni cometer un pecado por más venial que este sea porque se decía que ofendía doblemente al Señor. Los únicos que se aprovechaban eran los ladrones porque decían que en viernes Santo nadie los podía castigar porque Cristo estaba muerto.
El Sermón de las siete palabras o de “las tres horas”, lo hacía solo la autoridad eclesiástica de mayor rango, en este caso el párroco, antes de la llegada del primer obispo. El sacerdote aprovechaba la ocasión para decirles vela verde a los pecadores, especialmente a los infieles. Les daba duro hasta a las autoridades que no cumplían con sus responsabilidades. Con el paso del tiempo, se comenzó a invitar a conocidos profesionales y vecinos notables de reconocida fe católica y de incuestionable honestidad, para ocupar el púlpito.
Las celebraciones de Semana Santa concluían el domingo con una solemne misa de resurrección donde todos cantaban a todo pulmón…
Tu reinarás…
oh rey bendito,
Pues tú dijiste reinaré.
Reine Jesús por siempre,
reine en tu corazón.
En nuestra patria,
en nuestro cielo,
es de María la Nación…
Recién sonaban las campanas en señal de fiesta. No se estilaba el obsequio de huevos de pascua como ocurre en otros países. Luego de la misa, los mayores se iba a sus casas para saborear al menos una taza de chocolate, la bebida más tradicional que jamás faltaba en las mesas más humildes, especialmente los domingos, feriados y en los cumpleaños. Las familias acomodadas siempre tenían a mano una tableta de chocolate en pasta “Sol del Cusco” mientras que los menos pudientes adquirían el chocolate a granel, sin envoltura, en tabletas que tenían la forma de tejas. Total, la diferencia no era muy notoria porque ambos productos eran de cacao, de Quillabamba y Madre de Dios. Y claro, las cosas siempre tenían que ser claras y el chocolate espeso, como reza el dicho.
Y como ya había terminado el periodo de abstinencia, algunos salían de frente al club Unión para beber unos tragos con los amigos y, los que no eran socios, se iban bar Esmeralda, para calentar la mañana y celebrar la pascua con un “patibamba libre” y platos típicos. Los más recatados acudían al billar de mis tíos Pancho Gonzales y Rosita Infantas, para servirse por lo menos el tradicional “marca chanco” acompañado de unas deliciosas empanadas de queso que se hacían en el horno de otra de mis tías, Dolores Alarcón. Y mientras nuestros padres y abuelos se quedaban unos minutos a chismorrear en las puertas del templo o desaparecían con los amigos, los chicos nos íbamos a jugar a las chapas en la pérgola de la plaza o fulbito frente a la casa de la familia Garay. Es cuando las campanas sonaban con más fuerza y una desbordante alegría inundaba la ciudad.

Dicen que recordar es vivir. Que Dios los bendiga en esta Semana Santa.

LA “Z” DEL LOCO BEDOYA (de la Revista Virtual “Promo86” del Colegio Miguel Grau de Abancay)

16/03/2012

La Z del Loco Bedoya
El “Loco Bedoya” era su nombre de pila, su chapa; y aunque sabía que lo denominaban así tanto alumnos como profesores, al parecer, no le molestaba.Lo asumía y hasta le complacía.Claro que nadie se dirigía directamente a él de esa forma.¡Ni intentarlo!.
Era el profesor de Educación Artística y sin temor a equivocarme, fue el más histriónico de todos.El más rudo, el más impredecible, el más implacable, el personaje bizarro, al final de cuentas, el más loco.Hasta su apariencia lo delataba de inmediato, entre hippie e israelita, usaba ese look que desencajaba totalmente del formato ochentero de sus colegas.De hecho aún permanecía algo pegado en la moda de los 70.
Cuando lo tuvimos por primera vez como profesor quedamos inmediatamente pasmados por su actitud algo hostil.El no corregía las pruebas de dibujo, él arrancaba las hojas de sopetón de nuestros bien cuidados cuadernos si no le agradaba el resultado de tanto esfuerzo depositado en días anteriores, cosa que yo no entendía y reprochaba.Era una de esas actitudes medievales o de siglos pasados que debíamos enfrentar cuando  presentabamos nuestras tareas.Era muchas veces hasta traumatizante para nuestro escaso entendimiento sobre la personalidad del ser humano ya que ni siquiera nos entendíamos nosotros mismos.Yo veía como algunos compañeros lloraban cuando eran “corregidos” de esa forma.Y si se trataba de poner buena nota, pues de igual manera nos rasgaba la hoja del cuaderno con un lapicero con tal fuerza que marcaba hasta 3 o 4 hojas posteriores.
Como anécdotas recuerdo que una vez llegó a la sala profiriendo: “!abran las ventanas carajo!¡hace calor!”; todos nos mirabamos absortos ya que las salas de clases por lo general, si bien tenían ventanas, no tenían muchos vidrios que digamos, aún así no faltaba quien le respondía… “profe, las ventanas no tienen vidrios”,(demasiado predecible) a lo que él clavando la miraba en cualquier parte remataba… “igual ábranlas ¡carajo!”.Cosa que evidentemente se cumplía.Recuerdo otra vez que fuimos de paseo a un lugar llamado Atunpata, creo,  y el personaje en cuestión se bañó en el río tal como el de arriba lo echó al mundo, feliz, haciendo gala de su libertad y locura, cosa que me pareció muy divertida y que no pasó desapercibido para nadie ya que era algo insólito en esa sociedad tan pacata y conservadora que tenía Abancay en esos tiempos, de la cual eramos parte.El tema  fue comentario obligado en todo el colegio por muchos días.¿Alguien puede cuestionarse aún por qué le decían “loco”? 🙂 :
Estoy siendo objetivo y honesto al describir tales hechos.Nunca tuve una relación más profunda en otros ámbitos con el profe y con el tiempo lo fui entendiendo un poco tal como lo hicieron muchos que posteriormente  hasta se hicieron amigos de él.Quizás un día lo vea otra vez y conversemos distendidamente sobre esto.No lo sé.Lo que si puedo relatar es que  gracias a su técnica de dibujo aprendí a hacer la “Z” que siempre nos obligaba a incorporarla cuando teníamos que dibujar un paisaje, fuera el que fuera.Sin Z no había nada.La Zeta era la matriz del dibujo, la Z era la clave, la raíz del paisaje y así lo hacíamos.Si no estaba la Z bien clara, el profe se irritaba preguntando “¿Donde está la zeta? ¡¿dónde está la zeta, carajo?!”.
Fue imposible no olvidarse de la famosa Z cuando había que dibujar, afortunadamente creo que aprendí.Así dibujo cualquier paisaje hoy en día.Tomó una hoja y con el lápiz trazo la zeta imitando al  Zorro  que  marca a sus enemigos con su sable.Recuerdo también que en sus clases nos llevaba hacia el exterior del colegio para visualizar un paisaje y con métodos sencillos nos hacía dibujarlos y pucha que con el paso de los meses hacíamos buenos dibujos.Claro, yo no era de los buenos pero algo me resultaba. Desde ya comprendí que  el arte no era lo mío a pesar que lo aprecio muchísimo.
 En fin, hay muchas anécdotas con el “Loco Bedoya”  y creo que cada quien tiene la suya.Incluso Ramón Venegas me contó una hace poco por chat, una que ocurrió en la sala de clases donde  Werner Aguilar estuvo involucrado como punto, al parecer :).Me reí tanto con el relato del Venegas que casi me da una taquicardia…
Indudablemente el Loco Bedoya está entre las personas y personajes que le dieron color y forma a nuestras vidas.Así como lo hace el  artista del pincel.De alguna forma trazó unas líneas en nuestros carácteres y pintó algunos instantes de  nuestros dias de estudiantes con colores cálidos y frios para darle  sentido a nuestra breve existencia.
Concluyo diciendo que la vida necesita un poco de todo para ser vida.Algo de miedo, algo de riesgo, algo de risa, algo de dolor, algo de felicidad, algo de llanto y algo de locura.Probablemente esa fue la forma en que el loco profesor trataba de preparnos para la vida, más allá del mero trámite de enseñar la asignatura correspondiente.No lo sé.Debo creer que fue así.Creo además que no fue solo un profesor, fue un maestro.
“Quien vive sin locura no es tan cuerdo como parece”.
La Rochefoucauld

BELLA ABANQUINA

14/03/2012

PARQUE MICAELA BASTIDAS : ABANCAY

12/03/2012

PROMOCIÓN 1968 SECCIÓN LETRAS DEL COLEGIO MIGUEL GRAU DE ABANCAY

04/03/2012

-EDGAR PAREDES GAVANCHO -VICTOR CONTRERAS PEREYRA -LUIS AGUILAR SERRANO -GLICERIO IPENZA CÉSPEDES -JORGE SEGOVIA BRAVO -PABLO RAMOS CAMACHO -GREGORIO SOLÍS PALOMINO -JUAN PEÑA CASTILLA -JOSÉ VALENZA VALENZA -ROMULFO BEDOYA CASTILLO -JUAN SAAVEDRA QUISPE -ARTURO BARRIENTOS BRAVO -RENZO SOTOMAYOR MEDINA -GENARO CONTRERAS ALDAZÁBAL