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CONFORMACIÓN INTERINSTITUCIONAL DE DECLARATORIA DEL CARNAVAL ABANQUINO COMO PATRIMONIO CULTURAL

28/01/2013

ORIGEN DEL CARNAVAL URBANO ABANQUINO Por Jorge F. Ascue Palomino

19/11/2012

                                                 .                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           Reseña histórica presentada por el Sr. Jorge Francisco Ascue Palomino, en su intervención con motivo de preparar los documentos para la Declaratoria del Carnaval abanquino como Patrimonio Cultural de la Nación.

Señoras y señores asistentes a este magno evento, en primer lugar tendré la gran satisfacción de referirme en forma muy escueta a la festividad del Carnaval específicamente de Abancay, nuestra querida tierra de la eterna primavera, que tiene uno de los mejores climas del mundo entero, por cierto muy envidiable y con microclimas que favorece la agricultura, ganadería y crianza de aves y animales menores.

Primero referiré cómo se dice el carnaval en los idiomas más conocidos, así tenemos que en Inglés y en Francés se dice carnival,  en italiano carnevale, en alemán Karneval, en portugués y en español, CARNAVAL.  En nuestro país, referirse a esta festividad, significa igualmente CARNAVAL, denominación que se emplea preferentemente en la  Ciudad,  y en las comunidades campesinas  se le conoce como PUKLLAY, frase empleada desde el incanato  en RUNA SIMI ( quechua), que heredamos de nuestro pasado histórico..

Pues bien , esta festividad  que viene de tiempos inmemoriales, es decir data de muchos siglos atrás, se conocía con el nombre de carnaval y se realizaba en diferentes países de Europa,(España, Italia, Francia, Austria, Alemania), etc,. En  nuestro país esta festividad también viene de tiempos muy remotos y tiene tanta antigüedad como lo tiene el viejo continente.

Después de este preámbulo, me referiré a la festividad del CARNAVAL abanquino, pues resulta que en el año de 1780, ya se conocía en la zona Nor-este de la actual ciudad de Abancay, el primer ayllu denominado CCORHUANI, conocido por los españoles como CORVANI , toda vez que en esa época enviaron un representante del Rey de España,  una autoridad (equivalente a un Juez de tierras de hoy en nuestro país) para delimitar la demarcación geográfica de las tierras que pertenecían a la Comunidad  por ser el primer Ayllu que apareció en nuestro valle de los amankaes en mérito a una población pequeña que habitaba este lugar, paso obligado para los chasquis que transitaban desde Cusco hacia Cajamarca. En la actualidad existe esta comunidad.

Es para nosotros muy importante saber que posiblemente, desde esa comunidad comienza a dispersarse en todo el valle de los amankaes,( nombre que proviene de una flor blanca, muy aromática que abunda en la zona) los festejos del pukllay, como la fiesta más esperada del año en las comunidades de campesinos que existían en esa época, aspecto que continúa como costumbre y tradición hasta nuestros días.  Es pues esta hipótesis  en la que fundamentamos o atribuimos nuestro carnaval abanquino, es decir que la festividad del carnaval propiamente dicha, empieza en las comunidades campesinas para trasladarse con el transcurrir del tiempo , a las ciudades como es el caso de Abancay. Es de suponer que conforme iba creciendo el valle de los Amankaes, aparecían más comunidades de campesinos que celebraban esta festividad con mayor interés y entusiasmo, costumbre que acogieron las muchas  haciendas que se instalaron poco a poco en nuestro hermoso valle de Abancay,  de las que hoy quedan sólo vestigios en la mayoría de los casos, de éstas, puedo citar entre otras, las siguientes: Patibamba ( cuya casona y terrenos ocupa el Colegio César Vallejo), Illanya ( casona restaurada y actualmente ocupada por el INC), Pachachaca, Hacienda Carmen, San Gabriel,  Santo Tomás, Auquibamba, Sarakjata, Esperanza, Yaca, Casinchihua, entre otras; éstas haciendas tenían como cultivo principal la caña de azúcar, de manera que con este producto Abancay llegó a ser el segundo productor de caña de azúcar a nivel nacional, después de Huánuco, entre los años 1950 a 1970 aproximadamente, y naturalmente como era sabido, todas se dedicaban también a la crianza de ganado, a la fruticultura , sembraban en mayor y menor cantidad , tubérculos, como papa, oca, masshua, yuca,  camote, cereales como trigo, cebada, maíz, etc., menestras, ( variedad de frejoles, pallares ), por supuesto de acuerdo al lugar donde estaban ubicadas, así tenemos que la hacienda Pachachaca también cultivaba el algodón de la variedad “tanguis” muy cotizada a nivel nacional y mundial, particularmente exportada a Inglaterra de donde regresaba procesada en los famosos casimires Barrington, cuyos cortes de tela eran usados en Abancay para confeccionar los ternos de los caballeros abanquinos. Es pues esta variedad de labores chacareras que exigía a los dueños de todas las haciendas, contar con numerosos trabajadores los mismos que vivían en éstas, junto con sus familias, a este grupo de familias que trabajaban para los hacendados, se les denominaba colonos. Son precisamente los colonos que empiezan a celebrar dentro de las haciendas donde trabajaban, los famosos pucllay, a su estilo y con sus propias costumbres. Es lógico atribuir que en estas festividades, consumían la chicha de jora que ellos mismos preparaban, combinando con el aguardiente de caña que los patrones les proporcionaban, pues el aguardiente de caña era el producto bandera infaltable que producían todas las haciendas, con el trabajo  sacrificado de los colonos, asumiéndose que este producto, era la fuente principal de los  ingresos económicos que tenían  los hacendados, por lo que era indiscutible  su consumo en las fiestas de los patrones, como también en las de sus trabajadores.

Con el transcurrir del tiempo, los grupos organizados en las haciendas y las comunidades de Ccorwani, Querapata, Bancapata, Tamburco, San Antonio, Condebamba, Aymas, Atunpata, Quisapata y muchas otras, empiezan a visitar la Villa de Abancay (cuyo nombre deriva de amankae, según la historia.) que ya tenía una regular cantidad de habitantes, trayendo con ellos el famoso puckllay (carnaval), con costumbres propias, llamando la atención las demostraciones de valentía y coraje que ejercían los jóvenes de cada grupo, cuando pactaban desafíos de lucha personal, que tenía como trasfondo el enamoramiento, razón fundamental para que los pretendientes de una muchacha casadera del grupo contrario , se esmerara en demostrar su valentía a fin de conquistar a la mujer que debía llevársela, siempre que ganara la contienda. Entre los años de 1955 para adelante que en mi niñez observaba el desarrollo de los carnavales campesinos en la esquina de”Huanupata”, hoy barrio el progreso con su mercado del mismo nombre, VEÍA CON ASOMBRO EL DESARROLLO DE  ESTAS FESTIVIDADES, en las que combinaban la lucha personal con la música y el canto, ejecutando tanto varones como mujeres , la infaltable Tinya,(wankara), las quenas y el cascabel y/o champi ( instrumentos típicos o autóctonos campesinos), que también provenían desde la época de los INCAS. Cabe señalar que esta costumbre del pucllay en Huanupata provenía de muchas décadas atrás, vale decir inclusive antes de que aparecieran las ex haciendas antes señaladas, ya que las comunidades tuvieron su aparición antes de éstas últimas.

Eran testigos mudos de este espectáculo, las esquinas del Jr. Lima, con Andahuaylas y Juan Pablo Castro, lugar donde llegaban los diferentes grupos de carnavaleros de las antes mencionadas comunidades, pero no venían solamente a demostrar su música y canto, sino ha competir en canto, música , baile y demostraciones de habilidad en el manejo de la huaraca como en el uso de la fuerza bruta, porque la intención que surgía en cada joven varón, era llevarse a la mujer que escogía del grupo contrario con el que competía el suyo. Así, recuerdo haber visto el muy comentado secjollo, y el packi,  demostraciones de  fuerza y valor,  que consistía en  recibir sendos latigazos con la huaraca en la pantorrilla pelada que la mostraba el contrincante, de modo que ganaba el que más brechas abría, lo que se notaba por la  mucha o poca sangre que salía de las heridas según la destreza en el manejo de la huaraca. Inmediatamente después de recibir los latigazos, los contendores mostraban sus pantorrillas al público asistente, sobresaliendo la costumbre en las mujeres jóvenes que eran pretendidas, ingerir un sorbo de aguardiente puro para echar una bocanada  a la herida viva en las pantorrillas de los contendientes, antes de ingresar al siguiente desafío que era el packi, (ejercicio de fuerza bruta) que consistía en mostrar el muslo de las piernas en posición de cuclillas para que el contrincante le propine el golpe más certero posible con el puño, de modo que ganaba el que no salía cojo. Concluida la competencia de destreza en el uso de la huaraca y quien golpeaba mejor y más duro, el ganador se llevaba a la mujer casadera del grupo vencido y la fiesta continuaba con la misma alegría desbordante con la que había empezado, en la que se notaba con mucha claridad el empleo de canciones, burlescas, satíricas y pícaras que entonaban los grupos de los vencedores y de los  vencidos. Esta costumbre aún prevalece en algunas comunidades apurimeñas.

Con el transcurrir de los años, estas fiestas del puckllay,  practicadas por los campesinos adquieren mucha importancia en la población de mestizos , denominados blancos de la Ciudad, quienes empiezan a agruparse, primero en las familias y posteriormente en los diferentes barrios, para celebrar esta festividad del Carnaval, de manera que a través de muchos años de constancia, surge la idea de competir entre familias primero y luego a nivel de barrios. La competencia era exclusivamente en música y canto, donde se notaba muy claramente la maestría en el manejo de los instrumentos musicales, inicialmente, de guitarras con un afinamiento muy peculiar, charangos, chilladores, quenas, tinya, cascabel y/o champi, incorporando

posteriormente la mandolina e inclusive el Rondín como un caso muy particular, exclusivamente abanquino,(destacando muy nítidamente en la ejecución y destreza de este instrumento de viento, el  abanquino señor Tomás Ascue Urteaga) y las voces de damas y varones muy bien entonados, con canciones llenas de picardía, sátira y burla, algo parecido a la forma cómo los campesinos realizaban su púckllay a estilo y usanza propia,  (debo destacar que  los campesinos no copiaron a nadie su forma de festejarlo), simplemente esta festividad era herencia de sus antepasados, en la que expresaban la tristeza o alegría de las labores cotidianas de la comunidad, vale decir el éxito o fracaso de sus tareas y metas conseguidas, traduciéndolo en sus canciones y música durante el desarrollo de dicha festividad, ocasión precisa para sacar a la luz lo que sentían y querían expresar ( sentimientos guardados durante el año) para darlos a conocer al pueblo en general, destacando  el enamoramiento de las parejas en edad de convivencia o matrimonio. (caso especial de servinacuy).

En cambio en el caso de Abancay, han sido los campesinos los que contagiaron la forma de  festejar los carnavales, para cuyo objeto se formaban agrupaciones mixtas, que en un inicio se les denominaron pandillas, para más tarde, cambiar al de COMPARSAS cuya denominación persiste en la actualidad. En aquellos años en que tuve la oportunidad de participar en las famosas pandillas, salíamos de nuestras casas en horas de la tarde , preferentemente casi al empezar la noche, juntamente que nuestras familias y amistades con el afán de mostrar al pueblo la alegría y derroche de nuestra música y canto, añadiéndose poco a poco el baile, para contagiar entusiasmo  al público que nos veía desfilar a modo de pasacalles, permitiendo que los transeúntes ocasionales se confundieran entre nosotros, aumentando el número de integrantes de la pandilla. Estas salidas a las calles eran en grupos de 10 a 15 personas entre varones y mujeres, particularmente miembros de familia;  eran los años de 1965 para adelante, que para nuestras pandillas durante los pasacalles, escogíamos las calles principales, de esa época: Díaz Bárcenas, la Alameda, ( Hoy Avda. Núñez), el Olivo y algunas arterias donde había mayor población. No solamente paseábamos con nuestras pandillas, sino que en cada esquina ofrecíamos un concierto de música, canto y baile, invitando a los vecinos y transeúntes a participar de nuestra alegría que dicho sea de paso, era muy contagiante. Las Yunsas las realizábamos en los patios de nuestras casas, cuyos árboles pequeños o grandes, se cortaban antes de salir a las calles, para luego de los paseos, regresar y continuar con la fiesta hasta las últimas consecuencias. La comida y bebidas corría por cuenta de la familia. Posteriormente estas Yunsas, o cortamontes como inicialmente se les conocían, empiezan a  trasladarse a diferentes esquinas de la Ciudad, siendo una de ellas, la esquina del mercado el progreso, reemplazando así a las agrupaciones campesinas que poco a poco dejaron de visitar ese barrio. Cuenta la historia del carnaval urbano, que entre los años 1930 aproximadamente, para adelante, se llevó a cabo la primera Yunsa en el barrio de Villagloria, más propiamente dicho en el fundo denominado Villagloria de propiedad de una familia Costamagna inmigrantes italianos que se quedaron en esta zona de

Abancay para cultivar uva y fabricar variedad de vinos de calidad que lo comercializaban en toda la zona.

Transcurridos los años, y dado el entusiasmo de festejar el carnaval abanquino que iba cobrando mayor interés e importancia  entre los vecinos participantes de esta festividad, surgió  la idea de competir en un principio, entre familias, luego entre barrios y posteriormente entre instituciones, aspecto que perdura en la actualidad. Esta competencia inter institucional, empieza a iniciativa del profesor Jorge Valdivia Valer, que era Jefe Departamental del Instituto Peruano del Deporte (IPD.) habiéndose desarrollado la primera competencia carnavalesca, en la Bombonera hoy Coliseo cerrado de Pueblo Libre. (Cabe destacar también que a iniciativa de este entusiasta profesor, se iniciaron los primeros trabajos para mejorar las instalaciones del actual Estadio monumental de Condebamba para cuyo hecho convocó a una jornada de trabajo en la que participó el pueblo y todas las instituciones de la administración pública y privada).

El traje que empleábamos no era el que actualmente se usa, participábamos en la pandilla, con la ropa que mejor nos parecía para la ocasión, pues sabíamos que teníamos que ensuciarla con el uso de harina, talcos, serpentinas conversadoras, chisguetes perfumados, incluyendo las bebidas que se derramaban voluntaria e involuntariamente encima de nuestros trajes, surgiendo con el transcurso de los años, la idea de presentarse a los pasacalles y concursos, con trajes adecuados, manteniendo uniformidad para diferenciarnos entre pandillas . Es ya en esta etapa, cuando empieza a usarse en Abancay, inicialmente en las damas, el traje típico de la mujer abanquina, que la usaba exclusivamente la mujer campesina, excepcionalmente y en algunos casos, las damas abanquinas de aquellas épocas, como la señora Juana Oré de Palomino, la señora Catalina Pozo, Juana Calderón, etc. por citar algunos nombres como ejemplo;  este traje consistía en una enagua denominada fuste o fustán, que la usaban dentro de una pollera, una blusa, el rebozo, sobrero blanco de paja, adornado con cinta color negro, botitas hasta la pantorrilla, y el prendedor para sostener el rebozo;  los varones empezamos a usar el pantalón de color oscuro (que podía ser  color marrón, azul o negro) y la camisa blanca,  ponchos  de color nogal, sombreros negros y bufandas. Los ponchos y sobreros eran para protegernos de las lluvias, y las bufandas para abrigar nuestras gargantas del frío de las noches, que pese al verano caluroso del día, las lloviznas de la noche, nos obligaba a abrigarnos para sentirnos más a gusto y soportar el trajín de la fiesta carnavalesca.

Durante las competencias no se calificaban los bailes, sino exclusivamente la música y canto. Posteriormente con la finalidad de darle mayor atractivo a la comparsa, es que surge la idea de competir en coreografía, previo acuerdo de delegados, ya en estos últimos años, lo que también persiste en la actualidad, me parece muy acertada esta medida, toda vez que se trata de mostrar al visitante lo hermoso de nuestro carnaval con su canto, música y coreografía, aspecto que  atrae al turista nacional y extranjero  para beneficiar a todo el pueblo, porque con esta festividad se dinamiza las diferentes

actividades económicas de la población. (Sólo queda aclarar que en coreografía, el zapateo actual no es el original zapateo abanquino, el mismo que tiene un estilo propio y diferente al que se emplea en las actuales comparsas carnavaleras, refiriendo que el zapateo abanquino original tiene un parecido al zapateo del carnaval huancaíno).

Debo mencionar también, para terminar este modesto relato, que en Abancay se desarrollaban las muy comentadas fiestas de carnaval a la usanza europea, con elección de la Reyna del carnaval, preferentemente en el local más lujoso de la décadas de los años 70,80,90, donde asistía la población abanquina más distinguida de esa época, luciendo lujosos trajes y disfraces especiales  escogidos para la ocasión. Me refiero al Club Social Unión de la plaza de armas. A estas fiestas asistían caballeros y damas en todo el sentido de la palabra, notándose claramente, derroche de elegancia, alegría y mucho entusiasmo para bailar y gozar de la fiesta, notándose la infaltable existencia de juegos con chisguetes aromáticos, talcos perfumados, serpentinas conversadoras, (esta ocasión era propicia para que la juventud,  enamore a su futura pareja, intercambiando las frases que contenían las serpentinas multicolores, las que eran bien aprovechadas durante la fiesta), añadiendo al juego, las infaltables pica-picas hechas de papel de colores. Las fiestas eran amenizadas por orquestas que usaban instrumentos criollos para posteriormente ser reemplazados por los instrumentos electrónicos. ( debo destacar la participación del primer Conjunto electrónico abanquino  “ Los South Stars” o Estrellas del Sur, de la familia Ascue, de la que también fui parte integrante);  y … la fiesta para el pueblo se desarrollaba en otros locales de menos jerarquía y sin reinado, me refiero al local de la Sociedad de Artesanos, donde concurría todo el pueblo sin distinción alguna, pero que al finalizar la noche,  a este local, se trasladaba la sociedad del Club Unión en su mayor parte, para soltar su alegría desbordante  y concluir la fiesta junto con todo el pueblo. Ah, en las fiestas tanto del Club Unión como del Artesanos, aparte de las variadas bebidas que se expendía, no faltaba el caldo de gallina, escabeche de gallina y otros exquisitos platos preparados para la ocasión. Bendita sea nuestra tierra y sus carnavales que a mi modesto criterio, merece con justa razón y mérito propio, ser reconocido como PATRIMONIO CULTURAL DE LA NACION,  en razón de considerarse el único carnaval más alegre del Perú.

Jorge F. Ascue Palomino.    DNI. 31009125                                                                                                                                                                                                    Abancay, 25 de Enero del 2011.