Archive for the ‘PERSONAJES DE MI TIERRA’ Category

GABINO VEGA PAREDES

28/10/2012

GABINO VEGA PAREDES: CREADOR DEL ESCUDO ABANQUINO:  CPC. Clary Vega Durand

Gavino Vega Paredes, se considera hijo adoptivo de la ciudad de Abancay, nacido el 14 de mayo de 1927 en la localidad de Urcos Cusco,  hijo único de Mariano Vega Medina e Inocencia Paredes Rocha, la responsabilidad de tener una madre viuda a muy temprana edad lo obligó a trabajar muy tierno, y a los 19 años en 1946 se constituye a la ciudad de Abancay, donde es acogido gratamente por muchos amigos, forma su familia y tiene 9 hijos por quienes aprende a querer e identificarse y se mimetiza con sus costumbres, historia y personajes de su nueva tierra.

Artista innato, la pintura su mayor pasión y de calidad inmensa, la misma que plasmaba en toda actividad requerida, su afición no elegía exclusividades desde pintar un cartel artístico para anunciar una película en los Cines Municipal y Nilo de aquel entonces,  hasta plasmar un fresco óleo de paisajes, murales y retratos de personajes importantes.

Su ingenio y habilidad artística también le sirvió para restaurar parte de algunas  esculturas, pinturas y pan de oro de la Capilla del Sr.de Illanya en la hacienda San Gabriel por encargo de su dueño aquel entonces el Sr. Trelles, así como la Iglesia de Exaltación en el distrito de Tamburco.

Es así que el año 1983 no existiendo un emblema que distinga a la ciudad de Abancay, se ingenio en  diseñar uno, la Municipalidad Provincial de Abancay  en pleno representado por  el Alcalde Dr. Rubén Carrión Soria y Regidores Sr. Mauro Soto Palacios, Sr. Elmer Lazo Alcázar, Manuel J. Sierra, Sr. Armando Cárdenas López, Sra. Mery Pagaza, lo acreditaron como Autor y Creador del Escudo de Abancay.

¿Qué quiso plasmar o representar en el escudo de Abancay? para quienes deseen conocer:

El Sol que se muestra en la parte alta representa el cálido sol que mantiene a la ciudad de Abancay con un clima de eterna primavera. La Torre de la antigua catedral ubicada en la Plaza de Armas icono de la ciudad, lugar donde se cobijan bajo el manto de Nuestra Santísima Patrona Virgen del Rosario. La famosa piedra arqueológica de Saywite, representando la cultura Inca. El árbol que vemos es la famosa Intimpa del Santuario Nacional del Ampay El Valle  primaveral desplazando dentro de sí  los contorneantes ríos Apurímac y Pachachaca. El cóndor que en aquellas épocas  sobrevolaba en nuestro cielo, para después cobijarse en lo alto de los cerros y quebradas. La palmeras que muy erguida posan en  la plaza de Armas y parques, así como en las haciendas antiguas de Patibamba, Pachachaca, Carmen etc. Bordean al escudo  la distinguida Bella Abanquina  única y hermosa flor netamente abanquina y los laureles que son parte de nuestro escudo nacional. Algo que también lo enorgullece es haber sido el responsable de la construcción de la Cruz del Mirador en Taraccasa,   trabajo que le confió la Municipalidad  y lo hizo con gran tesón, hoy parece imposible creer que esa construcción  se hizo de concreto armado en los años 1967-1968; además era un lugar casi inaccesible para el traslado de materiales que supo superar con mucho coraje y valentía, 45 años después  sigue altiva y vigilante sigilosa de nuestra tierra, todo un símbolo de la ciudad de Abancay que perdurara en el tiempo.

Su afición y amor por la tierra hizo que permaneciera casi cinco décadas, debiendo atender los estudios superiores de sus hijos menores, tuvo que abandonar  la ciudad para constituirse en Lima, donde a sus 85 abriles,  añora con mucha gratitud y emoción  cada rincón, cada acontecimiento y experiencias vividas, agradeciendo infinitamente a Dios haberle permitido ser parte de su historia.

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GABINO VEGA PAREDES

19/10/2012

PERSONAJES DE MI TIERRA : AMABILIS, LA MADRE DE LOS OJOS AZULES

21/02/2012

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AMABILIS, LA MADRE DE LOS OJOS AZULES
                                                         Escribe: Hugo Viladegut Bush
 Abancay es un puerto que ve transitar a miles de gentes por sus polvorientos caminos…
Unos vinieron en busca de gloria y guerrearon al borde de lo que nuestros abuelos maternos llamaron río Pachachaca. Otros llegaron esperando descubrir tesoros y en ese afán sembraron vid y caña conquistando nuevas tierras para las huestes españolas y los asustados aborígenes de las alturas.
Pero también hubo quienes llegaron en busca de refugio y quienes buscaban sosiego y caminaron entre el Soqllaqasa y el Qorawire para finalmente recalar en este breve regazo de las montañas.
A la par hay quienes salieron de esas fronteras en busca de mejores días y dejaron atrás el tiempo imborrable vivido bajo su sol.
Otros se fueron a conquistar futuros a otros territorios y  habemos quienes renunciando al hambre y las estrecheces salimos en busca de otros saberes para mitigar nuestros patéticos harapos…
Mientras todo esto se escribía en el pequeño libro de nuestra historia también hubo quienes llegaban a nuestro territorio renunciando a mejores días para ayudar a encontrar otros destinos para almas en pena, para provocar sonrisas en dulces e infantiles rostros condenados a cargar las cadenas de la ignorancia y el conformismo. Rostros pequeños tostados bajo el sol que esperaban manos generosas que los encaminaran por el sendero de la liberación y la salvación.
Así llegaron en Julio de 1938 abriéndose paso entre los andes las religiosas dominicas de Santa Magdalena de Spira ha expreso pedido de Monseñor Salvador Herrera: Madre Ambrosia, Madre Reinhildis, Madre Teresa, Madre Reginalda, Madre Albertina, Madre Asunta, Madre Ágata, Madre Dionisia, Madre Prisca, Madre Tarcisia Sturn y la más espigada entre todas ellas Madre Amábilis Geimer…
Nuestras sinuosas y polvorientas calles recibieron a estas almas caritativas y bajo ese sol brillante mitad frío, mitad tibio Madre Amábilis entró en nuestras vidas, conquistando los corazones de nuestros padres.
Pronto su liderazgo y su férrea voluntad empezaron a convencer.
Con su alargada figura de agilidad increíble, sus grandes ojos azules de mirar infinito, su rostro dulce y caritativo, sus níveas y aterciopeladas manos, su voz tierna, envolvente y cultivada. Una soprano cantando a todo pulmón el Ave María de Shubert, llenando de pared a pared  la pequeña catedral de nuestro pueblo, hizo vibrar las notas de un clásico que jamás se había escuchado…
Consecuente con sus principios y perseverante en su voluntad tuvo que haber sido, Madre Amábilis, para aprender el Castellano y más aún, aguda en el oído para entender el Quechua…
Y en un valle donde por muchos años sus pobladores habían encorvado las espaldas para adoptar la mansedumbre y sobrevivir bajo el yugo de la prepotencia a las exigencias de la hacienda, trazó la línea entre la pobreza que viene de la ignorancia y la riqueza del entendimiento que viene de la ilustración..
La mujer abanquina de los años 40 condenada a educarse sólo para leer y escribir cartas, pronto fue avanzando en medio de los escombros de su cruel sentencia hasta alcanzar protagonismo en la organización del cabildo para tomar decisiones en la historia del progreso.
Unos 60 años tuvieron que pasar para entender que para las generaciones de ayer les era difícil asimilar que la conciencia viene del estudio y que la nueva cultura debía llegar construyendo los valores…
Madre Amábilis puso todo su empeño en hacer crecer las conciencias. Sólo así después de 20 años de silencioso trabajo, el pueblo organizado enderezó la curvatura de la espalda y rompió el enclaustramiento al que le había sometido la hacienda…
Los hijos de Miguel Grau y Santa Rosa de Lima, entonces, pico, pala y carretilla en mano salieron del Cabildo para abrir calles y lo que parecía imposible llegó con la ilustración de la educación. 
Se mitigaron entonces las tristezas, no más lamentos.
Aprendimos a decir no, a organizarnos, pero también a aceptar nuestras propias limitaciones y a superar nuestros infortunios.
En una palabra aprendimos a decidir nuestros destinos y a abrir nuestro propio camino.
Madre Amábilis tuvo mucho que ver en todo esto.
Contemplando el crecimiento de los niños de ayer, el florecimiento de las familias y el engrandecimiento de nuestra tierra, el testimonio sale a luz.
Hoy camino a la eternidad, los ojos de Madre Amábilis no miran hacia adelante, sino hacia los pliegues de nuestra memoria, tan ingrata a veces con el bien: ella hasta el minuto final de sus días ha querido que aprendamos de memoria las escenas de ayer y la foto de los niños harapientos de hoy, para que practiquemos la palabra que hasta ahora nos es esquiva: solidaridad.
Nos queda su aliento. Nosotros hijos de sus alumnas de ayer somos el producto de sus desvelos. Nos queda conjugar el verbo amar en todos los tiempos y con todas las personas para arribar al puerto de la tolerancia. Ella ha proclamado que los talentos recibidos son potencias de la inteligencia para emplearlos en el bien colectivo, por eso ella se quedó con nosotros hasta el final de sus días.
Gracias en principio a nuestro Señor Justo Juez de Illanya por haberla puesto en nuestro camino, por haberla traído hasta nuestra tierra. Gracias Señor, porque por las enseñanzas  de M. Amabilis, podemos ver el sol, sentir frío, hambre, sed, ser sensibles al dolor que no es nuestro, pero que al verlo lo hacemos nuestro. Gracias Señor, porque Madre Amábilis nos enseñó a agradecerte por la vida.
Finalmente, gracias Madre Amábilis, por habernos escogido como tus hijos y a nuestra tierra Abancay como tu tierra.

 

PERSONAJES DE MI TIERRA : “EL CHINO WALTER”

21/02/2012

  …………….   EL CHINO WALTER
 Sus ojos rasgados se escondían bajo sus pobladas cejas y su amplia frente estaba adornada por la ensortijada cabellera que empezó a perder cuando nos recibió en el primer año de media en aquellos dulces 1963. Era entonces, Walter Castañeda Grau nuestro auxiliar de disciplina.
 Nunca gritaba. Sólo miraba desde el pórtico del aula y bastaba que se dibujara su sonrisa cachacienta para que echáramos a reír y tener la seguridad que no nos iba a castigar por habernos excedido haciendo bulla en el salón de la Sección “A” que tenía a su cargo y que colindaba con el inconcluso coliseo en el primer piso del pabellón de Secundaria de aquel Colegio “Miguel Grau” que tanto amamos.
 La sección “C”, aquel rincón común donde iban a dar los repitentes rebeldes aparentemente era su sección favorita, porque allí pasaba la mayor parte del tiempo, solía contar chistes y organizar maratones de diversión con los Valer, los Peralta, los Bedoya, los Contreras. En realidad era su forma de controlar los excesos de indisciplina sin levantar siquiera el dedo para castigar.  
 Jugaba en la  “Unión Grauina”, nuestro representativo en el campeonato de liga y era el volante de creación junto al “Paqla Silva” y el “Sapo Garay”. Los partidos los ganaba organizando el ataque y cuando alguna vez tenía el partido perdido, jugaba para las tribunas provocando al rival para que el público se divirtiese haciendo piruetas con la pelota al borde de la cancha.
 Veía la vida desde el ángulo del optimismo, porque cuando el descuido se apoderaba de nosotros y los semáforos rojos se encendían en la libreta de notas, solía llevarnos en solitario al borde del bosque y hablaba con cada quien echando mano a la estrategia que ahora se conoce como “inteligencia emocional”.
 Creo que su forma de ver las cosas era desde el lado de las fortalezas, porque en el estudio hacía gala de conocimiento insuflando entusiasmo en quienes habían perdido la esperanza de perder el año. Terminada su época de futbolista en la cancha se convirtió en Director Técnico y sin que lo advirtiesen sus dirigidos: “Pelé” Contreras estaba detrás del “chato” Pereyra y detrás de Joaquín Batallanos, estaba el “loco” León. Cuidando las espaldas de Amílcar Prada casi siempre estaba “Jancu” Gamarra. En una palabra planteaba el partido en ataque y defensa compensando la debilidad con la habilidad y la fortaleza con la fuerza. Detrás de un “chato” casi siempre colocaba un “alto” previendo la reacción.
 Compartía sus días con momentos de diversión mientras se lo permitía Mirna, su esposa, porque muy inteligente él no se enfrentaba a sus enfados, los tomaba con humor y se sometía a la voluntad de la líderesa de su hogar, haciéndole creer a ella y al mundo entero que las manijas de su casa las llevaba su mujer. En realidad estaba jugando su partido personal compensando sus mataperradas con la inteligente ternura de un enamorado.
 El Chino Walter Castañeda fue un vendaval de entusiasmo y alegría. Todo el tiempo jugaba al fútbol. En las aulas del Colegio Grau como profesor, como jugador de Liga con las sedas del Grau o del Cienciano, con el buzo de entrenador o con la vestimenta de paisano, con sus amigos, en la mesa redonda de los caballeros. Para sus pupilos de los 60 y los 70, “el Chino”, siempre será la luz de la sonrisa que alumbraba la negrura en la que sumergían los deprimidos.

Hugo Viladegut Bush